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Cada vez son más, trabajan gratis, no aceptan propinas y conocen como pocos los lugares que se visitan. Publicado: Domingo 06 de Enero del 2008. El Viajero Ilustrado sabe que a veces, un guía turístico puede hacer insoportable una ciudad. Esas manías de hablar a los gritos, de entregar a los turistas al acoso de los vendedores de baratijas, o la mera exageración que empalaga con adjetivos innecesarios, son algunos de los tantos motivos que hacen de cualquier destino algo "olvidable". Quizás con esa idea, piensa El Viajero, surgieron los greeters cuya traducción literal suena raro pues sería algo así como "saludadores"; en realidad no tiene nada que ver con eso.
Esta práctica que empezó en Nueva York se extendió a varias ciudades como Guayaquil, Chicago, París, Alaska, Toronto, Londres, Sydney y Buenos Aires. Los greeters son una suerte de guías turísticos "vocacionales". Gente común que dispone de tiempo y predisposición para acompañar a los turistas. El Viajero sabe que en Nueva York ya son más de 350. Tiene entre 18 y 80 años y en sus ratos libres llevan de paseo a los turistas por las calles de los barrios de Brooklyn y del Bronx.
La mayoría de ellos maneja por lo menos un idioma, además del propio, y según dicen ya hay greeters en más de 30 idiomas. Recomiendan las mejores tiendas, enseñan los lugares emblemáticos, explican cómo funciona el transporte urbano, o donde comer los mejores hotdogs sin gastar demasiado. Lo más llamativo de todo, cree El Viajero, es que... ¡no cobran por su trabajo! Como sospecha El Viajero no son vecinos ilustres ni glamorosos y no será llevado por la 5° avenida por Sarah Jessica Parker o algunas de sus socias de Sex and the City, pero todos ellos conocen muy bien su ciudad y hacen ahorrar tiempo, dinero y explicaciones. Su lema es "Conozca Nueva York a través de los ojos de un neoyorquino". Tienen ya sus páginas de Internet por lo que se los puede consultar con anticipación. El Viajero sabe que en París el plan de guías está impulsado por el gobierno y tienen hasta circuitos programados que incluyen paseos por Montmartre o el barrio Latino de la mano de estudiantes de idiomas. También se puede participar de fiestas temáticas y realizar excursiones en bicicleta para recibir la primavera con los parisienses. Además tiene sesiones guiadas de shopping por las tiendas y los mercados del centro y visitas a los talleres de artistas y artesanos. Y a la hora de comer, estos generosos buscavidas, conocen rincones ocultos, sabores tradicionales y tiene recursos para presupuestos magros. Los greeters de Edimburgo conocen todas las catas de whisky de Escocia, lo que no es información para desperdiciar. El Viajero ha contado allí 123 puntos de información turística. Es más, han desarrollado un programa llamado "Pregunte a los expertos" (www.visitscotland.com) que ofrece descubrir Escocia en compañía de los escoceses auténticos. El Viajero sabe que en Ecuador la moda greeters recibe el nombre de Dukers, apelativo que seguramente se usa en algún otro lado; en la Argentina se los suele llamar con el dudoso mote de "Cicerones". La gran ventaja del greeters, intuye El Viajero, es que el paseante puede evitar los paseos y puntos más obvios y en cambio conocer lo "desconocido" de cada lugar. De alguna manera los "cicerones" argentinos que pasean a europeos desconcertados por la cancha de Boca o por la Villa 31, son la mejor forma de utilizar esos servicios informales. Y claro está, la verdadera vida nocturna de las ciudades quedaría incompleta sin el oficio de un greeters. La utilización de este servicio tiene sus reglas: se debe tener una reserva confirmada en algún hotel de la región que se quiera visitar; los servicios se piden con una anticipación de tres a cuatro semanas; la confirmación y los datos del guía son informados por teléfono tres días antes de la fecha de salida del viaje y hay que permanecer un mínimo de dos días en la ciudad donde se solicita el voluntario. Los recorridos se realizan caminando o en transporte público, y el paseante abona los boletos de los guías. Los grupos no pueden ser de más de seis, lo cual permite un máximo de dos guías por grupo. Finalmente, El Viajero Ilustrado evita dar propinas pues los greeters no aceptan ningún pago por sus servicios, más allá de la cobertura de sus gastos. Sin embargo, cuando desea hacer un aporte y un reconocimiento a esa tarea, acude a las fundaciones de las que dependen donde sí aceptan donaciones. Las ciudades, siente El Viajero, tienen una cara diferente y despiertan nuevas expectativas de la mano gentil de un "saludador" voluntario. VER REPORTAJE ESCANEADO DEL DIARIO EL CLARIN - ARGENTINA
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